La deuda de Pemex 2026 es el punto ciego de una frase que volvió a prender la discusión energética: “Si hubiera ganado la Derecha en 2028 hubiera habido más deuda de Pemex, menos producción y seguir importando gasolina”.
"Si hubiera ganado la Derecha en 2028 hubiera habido más deuda de PEMEX, menos producción, más endeudamiento y seguir importando gasolina".
— 🎯 Momento Financiero (@FinancieroM) March 18, 2026
Asegura Claudia Sheinbaum ese sería el presente de PEMEX si no hubiera ganado MORENA… ¿no es todo eso lo que está pasando? 🤔 pic.twitter.com/WsnO3ove0t
Más allá del desliz cronológico —en el debate público suele referirse a 2018, año en que cambió el rumbo energético— la pregunta clave es si los datos acompañan esa lectura.
En tiempos de balances y recortes, la deuda de Pemex 2026, la producción de crudo y la factura por combustibles importados dicen mucho más que cualquier eslogan.
¿Qué dijo Sheinbaum y qué quiso decir?
La afirmación busca contrastar dos modelos: uno que privilegia la autosuficiencia vía refinerías y apoyo fiscal a Pemex, y otro —etiquetado como “derecha”— que habría mantenido la importación de gasolinas, menos inversión en refinación y eventualmente mayor endeudamiento de la petrolera.
En la narrativa oficial reciente se presume que México ya produce la mayor parte de su gasolina gracias a las rehabilitaciones, la compra de Deer Park y la refinería de Dos Bocas.
Sin embargo, cuando salimos del discurso y entramos a los reportes financieros y energéticos, el cuadro es más matizado.
En 2025 y 2026 el Gobierno ejecutó un rescate financiero robusto para aplanar vencimientos y contener el costo de la deuda de Pemex.
Al mismo tiempo, la producción petrolera se mantuvo estancada o con ligeras caídas, y la dependencia de importaciones de combustibles siguió siendo significativa.
Esto no invalida los objetivos de soberanía energética, pero sí obliga a separar las promesas de los cortes de caja.
A la fecha, hay señales mixtas: el perfil de deuda parece mejorar por la intervención del erario y por operaciones financieras específicas, mientras la producción y el balance de combustibles avanzan más lento de lo prometido.
Datos duros sobre la deuda, producción e importaciones
Deuda: 2025 fue un año bisagra.
En primavera, los estados financieros aún mostraban presión: la deuda financiera superó los 100 mil millones de dólares en el primer trimestre.
En el segundo semestre, Hacienda y Pemex desplegaron un paquete de medidas: emisión de eurobonos soberanos para apoyar a la empresa, recompra de bonos por alrededor de 10–12 mil millones de dólares, notas precapitalizadas y un fondo de inversión público-privado para suavizar vencimientos.
El resultado, según distintos reportes, fue una trayectoria descendente del saldo de deuda hacia finales de 2025 y principios de 2026, con estimaciones de su menor nivel en más de una década.
¿Prueba esto que “con la derecha” habría más deuda? No necesariamente.
Prueba, más bien, que la reducción observada ha dependido del presupuesto federal, instrumentos extraordinarios y mercados abiertos bajo el paraguas soberano.
Es decir, se cambió el quién y el cuándo del costo financiero.
Si un modelo alternativo hubiese reducido apoyos directos a Pemex, probablemente veríamos una deuda corporativa mayor o un costo de financiamiento más alto.
Producción:
Aquí, los números son claros y poco complacientes. La extracción de crudo promedió alrededor de 1.3–1.36 millones de barriles diarios entre 2025 e inicios de 2026, niveles que varios analistas califican como de los más bajos en décadas.
La promesa de escalar producción hacia 1.8 millones hacia el cierre del sexenio luce cuesta arriba sin descubrimientos de gran calado, más gas asociado y mejoras operativas sostenidas.
Mientras el frente financiero ganó algo de aire, el frente operativo sigue apretado.
Importaciones de gasolina
Aquí hay una disonancia central entre discurso y datos. En enero de 2026 se afirmó en conferencia que México ya refinaba 80% de la gasolina que consume; verificaciones independientes lo desmintieron con cifras oficiales, ubicando la producción nacional por debajo del 50% de la demanda hacia finales de 2025.
La Refinería Dos Bocas ha avanzado, pero sus reportes operativos públicos no muestran una operación estable a plena capacidad; algunas estimaciones periodísticas y de la industria la ubicaron en torno a una fracción de su capacidad en distintos meses de 2025.
Traducido al día a día: el país siguió importando una parte relevante de la gasolina que consume, aunque con la expectativa gubernamental de que esa proporción baje conforme estabilicen refinerías y se optimicen corridas.
Balanceando estos tres ejes, la frase “con la derecha habría más deuda, menos producción y más importaciones” sigue siendo contrafactual y, por definición, imposible de comprobar.
Lo que sí es comprobable es que bajo el modelo vigente la deuda se está re perfilando con dinero público y operaciones financieras, la producción permanece débil y las importaciones de combustibles todavía pesan.
Tres apuntes básicos
1) Si te importa el precio de la gasolina, vigila el IEPS y el crudo internacional. Son las perillas reales.
2) Si te preocupa el erario, sigue la letra chica del rescate: cuánta deuda de Pemex se cubre con presupuesto, bajo qué instrumentos y a qué costo de oportunidad.
3) Si apuestas por menos importaciones, pide datos operativos de refinerías y reportes mensuales de producción/expedición de gasolinas. Ahí sabremos si la autosuficiencia llegó a la bomba o se quedó en el micrófono.
En política energética, las narrativas sirven para ganar tiempo. Los números, tarde o temprano, pasan la factura.




