¿Se acuerdan cuando AMLO presumía que la gasolina en méxico era má barata que en Estados Unidos, e invitaba a los gringos a cruzarse la frontera y cargas sus tanques de este lado? Pues eso quedó en el pasado.
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Resulta que la gasolina en la Ciudad de México se ha convertido en un lujo que pocos pueden darse el gusto de pagar.
Lo vengo diciendo ! Esto SI es un GASOLINAZO ! pic.twitter.com/bz1IaRHXoJ
— Mario Di Costanzo (@mario_dico50) May 13, 2024
Mientras que en Texas, nuestros vecinos del norte disfrutan de precios mucho más accesibles, los mexicanos enfrentamos una diferencia abrumadora de hasta el 63%.
Esta situación, que solo ha empeorado bajo la actual administración, se traduce en un fuerte golpe al bolsillo del ciudadano de a pie.
Expertos en el sector energético señalan que el Gobierno federal aprovecha la venta de gasolina a precios excesivamente altos para llenar parte del enorme boquete fiscal que ahoga al país.
Este boquete, producto de una economía informal que abarca al 55% de la población y de una política fiscal ineficaz, parece ser el verdadero motor detrás de los elevados costos del combustible.
A esto se suman los gastos en programas sociales y en proyectos insignia que han sido, hasta ahora, más simbólicos que funcionales.
Datos contundentes del Departamento de Energía de Estados Unidos y la Comisión Reguladora de Energía (CRE) revelan una disparidad alarmante.
¿A qué se debe la diferencia de precio de la gasolina en México y Estados Unidos?
En la primera semana de mayo, el precio promedio de la gasolina Magna en Nuevo León alcanzó los $24.52 pesos, un 68% más alto que su equivalente en Texas, que se vendía a $14.60 pesos.
En el caso de la gasolina Premium, Nuevo León registró $27.08 pesos por litro, 50% más caro que los $18.10 pesos en Texas.
Y este no es el pico del problema; en lo que va del 2024, el diferencial de precios ha alcanzado hasta un escandaloso 98%.
La CRE y PetroIntelligence reportaban ayer máximos de $26.89 y $27.9 pesos para la Premium en Ciudad de México y Guadalajara, respectivamente, y de $24.99 para la Magna en ambas ciudades.
Alejandro Montufar Helú, director de PetroIntelligence, atribuye esta diferencia de precios en gran medida al esquema fiscal del gobierno.
El cual, comenta, que parece más interesado en exprimir al contribuyente que en ofrecer soluciones sostenibles.
Es evidente que el gobierno federal está utilizando los altos precios de la gasolina como una forma de recaudar impuestos para paliar su deficiente manejo fiscal.
Pero, ¿hasta cuándo los ciudadanos deberán soportar esta carga?
En un país donde el salario mínimo apenas alcanza para cubrir lo básico, cada aumento en los precios del combustible es un paso más hacia la precarización de la vida cotidiana.
El discurso del gobierno habla de programas sociales y grandes proyectos.
Pero en realidad, el mexicano promedio ve cómo su capacidad de compra se desmorona frente a precios desproporcionados e injustos.
Mientras tanto, el gobierno sigue mirando hacia otro lado, confiando en que la paciencia del pueblo es infinita.
En un contexto económico ya de por sí difícil, la política de precios de la gasolina no solo refleja la falta de empatía de las autoridades.
También su desconexión con la realidad que viven millones de mexicanos.
Urge una revisión profunda y justa de esta política para evitar que el sacrificio siga recayendo siempre en los mismos: los ciudadanos de a pie.
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