La industria energética nacional enfrenta una contradicción técnica y política, ya que registros oficiales documentan que se ha utilizado el fracking en 2,164 ocasiones desde el año 2012. Esta cifra, obtenida mediante mecanismos de transparencia, revela que la técnica de fracturación hidráulica se ha aplicado en al menos 1,095 pozos operados por Petróleos Mexicanos (Pemex).
No obstante, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció recientemente que un panel de expertos analizará la viabilidad de este método para incrementar la producción de gas natural.
El historial operativo de la fractura hidráulica en México
A pesar de las posturas políticas restrictivas de años recientes, la técnica del fracking nunca dejó de operar en el subsuelo mexicano, especialmente en las regiones de Puebla y Veracruz. Ciertamente, el Grupo Multidisciplinario de Administración de Yacimientos de Pemex reportó que tan solo en marzo de este año se aplicó el método en 12 ocasiones.
Puesto que la producción de gas natural ha disminuido por la pérdida de presión en campos maduros, la fracturación se presenta como una alternativa para extraer hasta 15,000 barriles diarios de crudo equivalente. De igual manera, la petrolera sostiene que estas intervenciones en estados como Tabasco no han generado afectaciones al ecosistema.
Inversión proyectada y desafíos en la rendición de cuentas
Para el presente ejercicio fiscal, el presupuesto destinado a proyectos que requieren fragmentación hidráulica aumentó un 66% en comparación con el año anterior. Por esta razón, el programa Aceite Terciario del Golfo recibirá una inversión de 4,016 millones de pesos, enfocada en los 29 campos que integran el antiguo Paleocanal de Chicontepec. Sin embargo, diversos analistas y académicos alertan sobre la opacidad en la gestión de incidentes ambientales y la falta de protocolos de supervisión robustos.
Debido a que el fracking implica riesgos geológicos y de consumo hídrico, los expertos insisten en que se debe garantizar una transparencia total en cada contrato firmado. Asimismo, se subraya que la eliminación de “barreras ideológicas” debe acompañarse de esquemas de rendición de cuentas claros.




