Últimamente en la agenda pública han salido noticias sobre varios problemas relacionados a seguridad en los bancos tradicionales y la ciberseguridad.
Desde dinero “perdido”, hackeo de datos, asaltos fuera de las sucursales bancarias, en fin… Cuando una persona confía en que el banco es el lugar donde sus ahorros pueden estar a salvo y resulta que no ¿qué se puede hacer?
El sistema de libre competencia permite a cualquier industria innovar para que nuevas opciones tomen el lugar de aquellas que se están quedando en el atraso tecnológico o que siguen sin mejorar sus prácticas.
En el caso de los bancos, la situación es más delicada, pues no cualquiera puede decidir abrir un banco.
Estamos hablando de proteger los ahorros de las personas y precisamente para asegurarse de esto existen diferentes reguladores.
De entrada eso se oye bien, pero el problema surge cuando la regulación entorpece la posibilidad de seguir innovando y de que las personas tengan más opciones.
Si bien la CNBV, de Jesús De la Fuente, debe asegurarse que los grandes bancos cuenten con las medidas necesarias para evitar fallos de seguridad.
También tiene en sus posibilidades permitir que otras instituciones financieras puedan entrar a la competencia y ofrecer nuevas soluciones y opciones que más le convengan a las personas.
La respuesta es clara; las plataformas de finanzas digitales operan sin contratiempos y pueden ofrecer a la población tecnología y servicios dirigidos a un manejo más seguro y sencillo del dinero, es decir, mejor ciberseguridad.
Estas plataformas nacen en un entorno digital y con tecnología inherentemente preparada para los retos que un entorno digital exige, entre ellos, la seguridad de los usuarios.
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