El proyecto del Tren Maya se encuentra nuevamente en el ojo del huracán, ahora por la contaminación de cuerpos de agua en la Selva Maya.
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Según ambientalistas, la reciente licitación de un monitoreo ambiental por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) no es una buena noticia, sino la confirmación de que los estudios de impacto hídrico brillaron por su ausencia antes de iniciar la construcción.
Tren Maya enfrenta acusaciones ambientales
La Sedena y los responsables del Tren Maya han licitado un contrato para evaluar la calidad del agua superficial y subterránea en los siete tramos del proyecto.
Aunque el propósito es identificar, prevenir y mitigar afectaciones, el espeleólogo Guillermo DChristy señala que este esfuerzo llega demasiado tarde.
“El estudio es un reconocimiento implícito de lo que advertimos al principio: no se realizaron análisis ambientales serios antes de las obras”, comentó en sus redes sociales.
Además, denunció que los resultados del estudio serán confidenciales, lo que incrementa la desconfianza entre la sociedad civil y expertos.
Con videos y publicaciones, DChristy también recordó cómo se ignoraron las advertencias sobre el impacto de las pilas de acero y concreto en el acuífero de la zona.
“Nos dijeron que las pilas tendrían un recubrimiento especial para evitar contaminación, pero nunca vimos pruebas de ello”, agregó.
Costo del monitoreo y más dudas sobre transparencia
El costo del estudio oscila entre 20 y 44 millones de pesos, dependiendo de la empresa que gane la licitación.
Sin embargo, lo que genera más polémica es la falta de acceso público a los resultados.
Mientras tanto, el impacto ambiental sigue preocupando a comunidades y expertos.
Las críticas no solo se enfocan en la contaminación, sino también en la especulación inmobiliaria que el proyecto ha desencadenado.
El Tren Maya, presentado como un emblema de desarrollo, parece estar dejando una estela de controversias que, para muchos, ni todos los estudios hídricos podrán limpiar.




